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Area de Difusión sobre Terapias Naturales

Artículos Psicología El tercero excluido

Lic. Adrián Tucci*

El bebé ha nacido, lo que supone una gran felicidad para la familia... Por debajo de la alegría y los festejos comienza un sutil ajedrez de cercanías y alejamientos. El niño ha perdido el plácido mundo acuoso del vientre materno. La madre ha dejado atrás la completud del embarazo.

Madre y niño tienen motivos conscientes o no de configurar una alianza, una díada cerrada. El padre es retenido en los bordes de esa fortaleza.

Tal vez no lo advierte todavía, pero se está convirtiendo en el tercero excluido.

Es que parece haber en nuestra cultura una gran dificultad para unir las imágenes de madre y de mujer. Desde nuestras raíces grecolatinas se observa esta disociación. En el Olimpo hay dos diosas bien diferenciadas: Gea, la madre fecunda, carente de atractivos y Afrodita, la diosa de la belleza, la sensualidad, rodeada de perfumes y encantos.

El hombre, tal vez desde una memoria ancestral, vive con resignación este drama. Se siente torpe e inadecuado frente al recién nacido, lo alza entre sus brazos con temor a hacer algo mal ¡es tan frágil y delicado! Como si fuera a romperlo.

La madre, secundada por el cortejo femenino que la rodea, no vacilará en arrebatárselo al menor amago de "equivocación". Él no sabe qué hacer y devuelve el paquete rápidamente.
La mujer no tiene disponibilidad afectiva para su marido. Él, aunque sufra, no hablará, no se atreverá a pensar siquiera que "algo le está faltando". Cuando los hombres sepultamos los sentimientos lo hacemos con gran maestría, los matamos definitivamente.

Sin embargo mucho ha sucedido estos días.
Se sienta un precedente de ruptura en la pareja. ¿Podrá acaso recuperarse? ¿Se sembrará aquí un oculto resentimiento que a la larga podrá ser antecedente de una tentación? ¿O de una infidelidad?
Si la mujer intenta más tarde un nuevo acercamiento ¿lo conseguirá?

También se facilita aquí el cimiento de la relación padre distante-hijo. Tal vez se induce el rol de padre ausente y luego cuando frente a los problemas la madre se queje de la no intervención paterna ya será tarde.

¿Qué lleva al varón a callar y a ocultar?
La exclusión lo impulsa a polarizarse cada vez más hacia lo masculino, se endurece, se pone la coraza, se aísla de sus sentimientos dolorosos y toma distancia.

¿Qué sucede en una mujer que no integra a su marido?
Tal vez sigue un patrón cultural, tal vez no puede unir dentro de sí el rol de madre y de esposa, tal vez hace crisis aquí su problemática anterior con los hombres.

Sea como sea, la alianza con el hijo o los hijos y la exclusión del marido es algo que puede aparecer en cualquier etapa de la familia y entraña un gran riesgo emocional.
Se crea una distorsión que no sólo se origina en las dificultades femeninas, sino también en la problemática masculina de la expresión de los sentimientos, en el ideario masculino del autoabastecimiento y de la independencia, en el orgullo viril de no necesitar de nada ni de nadie.

Afortunadamente el cambio del mundo ha hecho que las mujeres desarrollen aptitudes tradicionalmente reservadas al sexo masculino y que los hombres, de a poco comencemos a comprender mejor el alma femenina. No obstante si observamos las parejas y las familias en un parque, en la calle o en un restaurante, vamos a percibir que el drama del tercero excluido sigue vigente.

Hace unas generaciones atrás habíamos llegado a una gran separación de los sexos: el hombre cuando más masculino más hombre; la mujer, cuanto más femenina más mujer. Así las mujeres vivían bordando, cociendo y cocinando, comunicándose sólo con otras mujeres. Y los hombres, en el trabajo, en el bar o en el club, con otros hombres.
También en esto tenemos antecedentes culturales: en Grecia la casa se dividía en dos partes, el androceo, donde se desarrollaban las actividades masculinas y el gineceo, el lugar de los quehaceres femeninos.

Este tiempo histórico actual es para recuperar una comunicación más plena y profunda entre hombres y mujeres, entre los aspectos internos femeninos y masculinos. Lograremos así seres humanos más completos, dispuestos a una complementación más armónica y a una vida más plena de pareja.


*Director de IATENA Instituto Argentino de Terapias Naturales

**Artículo publicado en la Revista "Salud Alternativa" Nº 8



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