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Artículos Psicología La tarea de ser padres o educadores-una reflexion previa

Lic. Ángela Hernández

Para poder captar las necesidades de los niños y jóvenes que nos rodean, el primer requisito es hacer una limpieza personal, una especie de desintoxicación basada en el blanqueo y la aceptación.

Tomar conciencia de nuestras falencias, culpas, temores, hábitos adquiridos, prejuicios, reglas aprendidas y patrones rígidos sería entonces un primer paso y el tema que abordaremos en esta ocasión.

Hoy la experiencia y la tarea de ser padres o educadores es una de las más difíciles.
Sin embargo no solemos ser conscientes del honor y la relevancia, tampoco de la responsabilidad que esta tarea implica.

Convivir o trabajar con niños exige que seamos auténticos y que mantengamos un estado de alerta, una actitud de apertura, un nivel de escucha, paciencia, permeabilidad y soltura, que la mayoría de nosotros no hemos llegado a desarrollar.

Las reacciones de los niños a menudo nos resultan incomprensibles y nuestra falta de entendimiento sólo añade mayor carga a la confusión que ellos pueden sentir sobre sus propias emociones.

No estamos acostumbrados a lidiar con chicos que no prestan atención, que exigen respeto, que se rebelan en las aulas o se enojan irracionalmente, que se aburren como ostras o eligen el aislamiento a la interacción con los demás.
No estamos acostumbrados a este estilo principalmente porque nunca nos fue permitido a nosotros experimentarlo cuando teníamos su edad.

Desde pequeños nos enseñaron a disimular, a reprimir la expresión de nuestras emociones, a ser los mejores, los más educados, lindos e inteligentes... o al menos parecerlo.

Se nos enseñó desde temprana edad que ser francos y directos podía ser ofensivo, que decir la verdad a veces no era conveniente porque podía traer complicaciones.

SON OTROS TIEMPOS
El miedo a las consecuencias, la necesidad de protegerse contra el enemigo (guerras, hambre, desigualdad social o simplemente los demás) y la conveniencia de estar a la altura de las reglas sociales era, en los tiempos de nuestros padres, la causa por la que siguieron con nosotros el tipo de educación que sus ancestros les habían enseñado. Parece que ellos no tuvieron la oportunidad de elegir, tal vez porque no aprendieron a cuestionar o porque no les fue permitido.

El caso es que ahora nosotros sí debemos elegir entre seguir la cadena o bien iniciar un camino nuevo basado en la verdad. Para hacer esto último tendríamos que apelar a la creatividad, apoyándonos en una confianza en nosotros mismos que tenemos que desarrollar, ya que sin esa confianza, o instinto de sobrevivencia) la creatividad queda a nivel de idea sin que podamos llevarla a la práctica.

Afortunadamente tenemos el tiempo a nuestro favor. El momento evolutivo es otro, el entorno es diferente, la tierra ya no es la misma y nuestra oportunidad son los niños.

Los que no acepten este cambio evolutivo seguirán defendiendo leyes que no funcionarán en la práctica, impartiendo discursos que no tendrán eco, educando con argumentos y palabras que no obtendrán los fines que persiguen... en una palabra, perdiendo el tiempo.

Porque el momento es otro. Según las leyes universales es imposible que los antiguos métodos funcionen ahora.

Aquellos que opten por arriesgarse a poner en práctica sus ideas, que apuesten por su creatividad y sepan que el único aval en el que apoyarse es el de la verdad y la confianza en sí mismos, podrán abrir un nuevo camino por el que transitarán sus hijos.



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